RUCs como tecnologías sociales descentralizadas: reimaginando la Interacción Socioeconómica
Doctorado en Teoría Critica y Sociedad Actual
Postulante: Francisco Toro Fierro
Anteproyecto de Investigación
PRESENTACIÓN
La crisis de legitimidad y confianza en las instituciones públicas a nivel global se presenta como consecuencia de los crecientes obstáculos a los que se enfrentan las instituciones públicas y democráticas para hacer frente a: la vulnerabilidad de la economía global, la migración, el crimen organizado, el cambio climático, la división política y la regulación de la inteligencia artificial, entre otras que pueden explicar la sensación generalizada de desesperanza (PNUD, 2024). Esto deja en evidencia, la ineficacia de los modelos tradicionales para resolver problemas actuales y de fondo (Bauman, 2000), afectando la forma en que las personas interactúan con sus pares, empresas, organizaciones, y con el Estado (Crouch, 2019)
El crecimiento económico, por sí solo, no es sinónimo de desarrollo socioeconómico ni de sostenibilidad, como lo demuestra la evidencia empírica (Stiglitz, 2002). A pesar de que las cifras macroeconómicas puedan ser positivas, estas no se traducen en mejoras significativas en la calidad de vida ni en sociedades más cohesionadas (PNUD, 2024), existiendo un desacople estructural entre las necesidades sociales de las personas y las soluciones que estas instituciones proveen, lo que genera una crisis en las relaciones sociales y económicas. (Beck, 1986)
En un contexto marcado por la crisis de confianza en las instituciones tradicionales, la falta de infraestructuras que respondan a las demandas sociales y la creciente necesidad de soluciones innovadoras para los desafíos contemporáneos, conviene preguntarse por ¿Cómo puede la confianza objetivada a través de tecnologías distribuidas (como blockchain y DLT), transformar las interacciones sociales y económicas en los Recursos Únicos Compartidos (RUC) para fomentar un nuevo paradigma de cooperación distribuida y sostenibilidad comunitaria?
Esta investigación propone explorar modelos alternativos que coexistan con las estrategias tradicionales de supervivencia económica, como las cooperativas (Chaves, Monzón, Pérez y Radrigán, 2013) que amplíen las posibilidades de acción social y asociatividad. Esto último, a partir de la conceptualización y aplicación de Recursos Únicos Compartidos -RUC (Ostrom, 2000) como una infraestructura asociativa que impulse una interacción más dinámica entre los actores sociales y responda tanto a las necesidades económicas como a las prácticas sociales emergentes, contribuyendo así a una mayor cohesión y adaptación en un entorno de rápida evolución.
Lo anterior, implica conectar ámbitos aparentemente dispares, de la economía social, la tecnología y la sociología, creando un marco conceptual y práctico orientado a una infraestructura socioeconómica descentralizada. Para ello es de interés construir un espacio de interacción que utilice tecnologías como blockchain para descentralizar las interacciones económicas y sociales, mediante el desarrollo de un modelo aplicado (prototipo) de RUC.
El proyecto de investigación que propongo se sitúa en la intersección entre la economía social, la tecnología y la sociología aplicada, invitando a un diálogo crítico que permita soluciones creativas que impulsen la innovación social y económica desde en la frontera de estas disciplinas. Al mismo tiempo, permiten explorar dimensiones que, a primera vista, parecen desconectadas, pero que, al ser examinadas en conjunto, revelan potencialidades significativas para el desarrollo de modelos económicos y sociales más equitativos y sostenibles.
La economía social, con su enfoque en la colaboración y la mutualidad, ofrece un contrapunto valioso a los paradigmas económicos predominantes basados en la competencia y el individualismo. Por otro lado, la irrupción de tecnologías emergentes, como las aplicaciones descentralizadas (DApps) y las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), como tecnologías sociales empleadas principalmente para fines de intercambio horizontal y gobernanza, proporcionan una infraestructura innovadora que puede facilitar la creación de nuevas formas de interacción social y económica. No obstante, es crucial que estas tecnologías no se conviertan en meros instrumentos de reproducción de relaciones de poder existentes, sino que sean diseñadas y utilizadas de manera que promuevan la equidad y la colaboración, siendo este último el enfoque de este proyecto de investigación. En este sentido, la teoría crítica juega un rol fundamental, no solo al permitir una evaluación rigurosa de los sistemas actuales, sino también al ofrecer herramientas para imaginar y construir alternativas viables que fomenten el bienestar colectivo. Interesa además abordar la convergencia entre sociología y los sistemas asociativos distribuidos desde la perspectiva práctica, por lo tanto, los datos y conclusiones que aporte este proyecto de investigación son de gran relevancia por su carácter innovador que inaugura un enfoque de laboratorio de frontera.
ALCANCES TEORICO- CONCEPTUALES
Gestión Colectiva de los Recursos Únicos Compartidos: De Elinor Ostrom a las Nuevas Tecnologías Descentralizadas
La obra de Elinor Ostrom (2000), especialmente en su libro El gobierno de los bienes comunes, ofrece un análisis profundo sobre la gestión sostenible de los bienes comunes, introduciendo el concepto de Recursos Únicos Compartidos (RUC). Este concepto se presenta como una herramienta clave para la gestión operativa de los bienes y recursos comunes, al permitir estructurar relaciones sociales asociativas que equilibran el interés personal con el interés común dentro del marco de la acción colectiva. Este enfoque tiene el potencial de reducir la contradicción inherente entre los usos individuales y los fines colectivos, facilitando un modelo de interacción más armónico. Asimismo, propone un relato innovador en el ámbito económico y social, sugiriendo que los problemas y necesidades de las comunidades pueden abordarse eficazmente a través de la autogestión y la colaboración entre gobiernos, iniciativas privadas y los propios usuarios de los recursos.
Ostrom (2000) se refiere al concepto de la "tragedia de los comunes", desarrollado por Hardin (1968), según el cual el uso individual e irracional de recursos compartidos conduce a su agotamiento. Esto se ejemplifica con la figura de un pastizal compartido por varios pastores, quienes, a pesar de la abundancia inicial y debido a su racionalidad individual, pueden sobreexplotar el recurso, lo que termina afectando a toda la comunidad.
Mientras Hardin (1968) plantea que un tercero imparcial debe gestionar estos bienes comunes, Ostrom (2000) desafía esta perspectiva al proponer que los RUC pueden ser administrados colectivamente sin la intervención de entidades estatales o privadas. En este contexto, la autora argumenta que los propios usuarios son los mejor capacitados para gestionar sosteniblemente los recursos comunes, siempre que cuenten con los medios adecuados, incentivos y mecanismos de comunicación efectivos, así como un criterio de justicia que garantice la equidad en la distribución de costos y beneficios. Esta capacidad de autoorganización es esencial para lograr una acción colectiva efectiva y mantener un capital social robusto entre los participantes.
Por su parte, la teoría de los bienes públicos de Paul Samuelson (1947) complementa esta discusión, definiendo bienes que no deben ser racionados y cuyo uso individual no impide el acceso de otros. Ostrom (2000) señala que los sistemas ejidales y comunales pueden servir como modelos exitosos de autogobierno, ofreciendo equidad en el acceso y fomentando la sostenibilidad del recurso compartido. Esta autora distingue entre sistemas de recursos y unidades de recursos, producidas por el sistema. Enfatizando en la importancia de reconocer la interdependencia de los actores involucrados, propone un marco de cooperación que permite a los participantes establecer contratos vinculantes y cumplir con acuerdos que optimizan la gestión de los RUC. Este enfoque requiere estructuras institucionales que aseguren la repartición equitativa de costos y beneficios, así como mecanismos de supervisión y resolución de conflictos.
El estudio de la obra de Ostrom en atención a la eficiencia y sostenibilidad de los RUC y su proyección al futuro es esencial para avanzar en la gestión de los bienes comunes, especialmente en el contexto de las nuevas tecnologías y paradigmas de cooperación. La concepción de los RUC plantea un desafío mayor que puede ser resuelto en un contexto descentralizado, donde la infraestructura asociativa debe ser diseñada para ser accesible y eficiente. Ostrom, influenciada por las estructuras centralizadas de su tiempo, no anticipó completamente el potencial de las tecnologías descentralizadas para la creación de entornos de confianza objetivada y anterior. Este avance tecnológico permitirá un funcionamiento más eficiente y eficaz en la obtención de recursos, eliminando intermediarios que pueden obstaculizar el acceso a los bienes comunes.
Redes Descentralizadas y Tejido Asociativo: Repensando la Colaboración en Sistemas Económicos y Sociales
El tejido asociativo se refiere a la red de interacciones que permite a un grupo de personas operar de manera conjunta dentro de un sistema complejo. Para ello emplea dispositivos tanto de cohesión como de coerción, que permiten a los individuos colaborar en la consecución de objetivos comunes mientras se mantienen sus intereses personales. Este tejido no solo fomenta un sentido de pertenencia entre sus miembros, sino que también responde a sus necesidades y expectativas, configurando un entorno donde las relaciones sociales son fundamentales.
Por su parte, la confianza emerge como el núcleo central de la interacción asociativa, facilitando las relaciones y promoviendo la cooperación. En este contexto, se reconoce un principio de egoísmo que no contradice, sino que complementa, la interacción grupal; es decir, los individuos pueden actuar en su propio interés sin que esto comprometa el bienestar colectivo. En síntesis, el tejido asociativo es esencial para comprender cómo las relaciones interpersonales y la confianza se entrelazan en la creación de comunidades funcionales y resilientes, y cómo estos elementos son fundamentales para el éxito de iniciativas de cooperación en un entorno social y económico complejo.
El diseño de tejido asociativo para interacciones económicas descentralizadas representa un campo emergente y aún poco explorado en la investigación académica. Existe vasta literatura sobre interacciones económicas centralizadas con relación al componente de economías solidarias como por ejemplo las cooperativas, fundaciones, organizaciones de base, sindicatos (Álvarez, Granados y Rodríguez, 2006; Telles, Servos y Bittencourt, 2020) cuyas articulaciones responden más bien a estructuras tradicionales piramidales.
Otro grupo de autores indagan en “sistemas asociativos complejos” SAC, entendidos como entidades más o menos formalizadas, que tratan problemas y conflictos colectivos a través de la cooperación de actores sociales y políticos altamente heterogéneos y su vinculación con intersectores (Luna y Velasco, 2017). Según sus hallazgos los SAC son un espacio social que surge de la convergencia de los involucrados para atender problemas concretos, también con un fuerte componente centralizado. Mi propuesta de investigación recoge estas indagaciones sobre la relación entre las economías solidarias y tecnologías, pero desde una perspectiva descentralizada, reconociendo los intersectores como una proto visión de RUC distribuidos.
Blockchain y las Robinsonadas: Desbloqueando el Potencial Socio-Tecnológico de las Criptomonedas
La Tecnología de Contabilidad Distribuida (DLT), es un sistema electrónico que permite registrar información de manera descentralizada y distribuida, sin depender de una entidad única. Este tipo de tecnología, entre las que se incluye blockchain, ha posibilitado la creación de redes seguras y transparentes para realizar transacciones sin la intervención de una autoridad central de confianza. Aunque blockchain es solo una subcategoría de DLT, su relevancia radica en su capacidad para establecer redes de igual a igual que faciliten nuevos tipos de interacciones económicas y sociales.
La historia del desarrollo de DLT y blockchain ha estado marcada por hitos significativos, desde los primeros conceptos de dinero digital y sistemas de timestamping en los años 80 y 90, hasta la aparición de Bitcoin en 2008 como la primera blockchain funcional. A lo largo de la última década, la tecnología blockchain ha evolucionado para incluir contratos inteligentes, sistemas empresariales como Hyperledger y IBM Blockchain, y una creciente adopción en sectores como el financiero. Sin embargo, con el incremento de su popularidad, también ha aumentado la necesidad de regulación, reflejando tanto su potencial como los riesgos asociados a su implementación masiva.
En su obra "El Capital," Karl Marx recurre a la figura de Robinson Crusoe para ilustrar conceptos fundamentales sobre trabajo y valor de uso. A través de la representación de Crusoe en un estado de aislamiento, Marx analiza cómo este personaje debe satisfacer todas sus necesidades, lo que lo lleva a crear valor de uso y riqueza. Sin embargo, también critica la repetición de la historia cultural y económica del naufrago, sugiriendo que, aunque tiene la capacidad de transformar su entorno, cae en una trampa que limita su potencial para establecer nuevas relaciones con los recursos y las personas. El loop cultural. Este concepto de "robinsonadas" se extiende al ámbito de las criptomonedas y las plataformas de blockchain. A pesar de ofrecer una infraestructura tecnológica que promueve la confianza y la descentralización, los desarrolladores tienden a comprimir esta capacidad en el ámbito de las criptomonedas, en lugar de aprovechar el potencial socio-tecnológico para establecer nuevas formas de interacción económica. En esta propuesta, las criptomonedas se presentan como herramientas programables, capaces de facilitar innovaciones sociales y económicas a través de interacciones asociativas distribuidas.
Confianza y Tecnología en los Recursos Únicos Compartidos: Hacia un Nuevo Paradigma de Cooperación Distribuida
Un elemento central en la administración de los RUC es la confianza, concebida como el principal cohesionador en las relaciones cooperativas (Ostrom, 2000; Putnam, 2000; Sennett, 2012; Benkler, 2006). La confianza es esencial en la interacción social y se define como la creencia de que una persona o grupo actuará de manera adecuada en un contexto determinado (Cornu, 1999). Esta creencia permite a los individuos reducir la incertidumbre sobre las acciones futuras de los demás, facilitando la predictibilidad y estabilidad en las relaciones sociales. Desde una perspectiva funcionalista, la confianza simplifica las interacciones al suspender temporalmente la incertidumbre sobre las acciones ajenas, lo que resulta fundamental para el buen funcionamiento de las instituciones (Parsons, 1937; 1951).
En el contexto de los Recursos Únicos Compartidos (RUC), la confianza adquiere una dimensión tecnológica: tratada como un activo, pudiendo gestionarse de manera similar a otros recursos económicos. Puede crecer, multiplicarse o diluirse, dependiendo de las condiciones y el diseño de la infraestructura asociativa que la sustenta. Para que este sistema funcione de manera efectiva, la confianza debe ser generada y sostenida tanto por la infraestructura como por los participantes de la red. Las infraestructuras distribuidas, como blockchain y las tecnologías de contabilidad distribuida (DLT), permiten externalizar y objetivar la confianza, creando lo que podría denominarse "rei-confianza". A través de esta infraestructura, la confianza deja de depender exclusivamente de la subjetividad o el cálculo individual, convirtiéndose en un elemento estructural del sistema, lo que posibilita un intercambio bidireccional de confianza entre los individuos y la infraestructura tecnológica. Este proceso transforma la confianza en un activo tangible que puede gestionarse y optimizarse, eliminando la necesidad de "confianza ciega".
El enfoque propuesto en este estudio aporta una visión innovadora al integrar las dimensiones tecnológicas y sociales, buscando crear una infraestructura que promueva la confianza y la cooperación entre individuos de manera descentralizada, utilizando herramientas tecnológicas como blockchain y DLT.
El sistema blockchain resuelve problemas clásicos de coordinación en sistemas distribuidos, como el problema de los generales bizantinos, proporcionando una base tecnológica que sincroniza a múltiples actores alrededor de una "confianza objetiva". Sin embargo, aunque la infraestructura tecnológica crea el entorno adecuado, el desafío radica en diseñar un sistema de interacción social que fomente una cooperación efectiva entre los participantes, superando los modelos tradicionales de cooperativismo centralizado hacia un nuevo modelo de cooperación distribuida.
Este proyecto de investigación busca explorar cómo la confianza objetivada a través de tecnologías distribuidas puede transformar las interacciones sociales y económicas en el contexto de los RUC. El estudio se propone desarrollar un sistema de interacción que promueva tanto el beneficio personal como la sostenibilidad comunitaria en una economía distribuida.
Los Recursos Únicos Compartidos tal como postula Ostrom, son ejemplos de espacios teóricos existentes que pueden ser implementados y administrados de manera descentralizada. Ejemplos en la vida cotidiana, como bibliotecas o el sistema de transporte de Santiago de Chile, ilustran cómo estos recursos son gestionados en contextos que no siempre permiten su plena expresión. La justificación de esta propuesta radica en que ofrece un marco de soluciones para enfrentar los retos de una competencia intensificada por la tecnología y adaptarse a sus formas cambiantes de interacción social, contribuyendo a la creación de tejidos asociativos que refuercen la confianza y la interdependencia entre los actores sociales y asimismo contribuyan a la eficiencia en la entrega de dichos recursos a los beneficiarios/usuarios.
En este sentido, los Recursos Únicos Compartidos se presentan como una intersección significativa entre las relaciones económicas y sociales, bajo la premisa de que ambas son intrínsecamente equivalentes. Esto implica que la economía no solo actúa como un sistema de incentivos que impulsa la acción individual, sino que también es fundamental para modificar comportamientos sociales. Por ello, es crucial implementar una perspectiva económica sistémica que permita posicionar incentivos en áreas estratégicas, facilitando el desarrollo del tejido asociativo necesario para la acción colaborativa.
Así, los RUC como infraestructuras asociativas ofrecen un nuevo marco para rediseñar las interacciones sociales y los comportamientos económicos. Permiten la transición de un modelo de competencia extrema y concentración de recursos hacia un paradigma donde la satisfacción de las necesidades individuales puede coexistir sin conflicto con los intereses colectivos, eliminando la noción de propiedad exclusiva. Es decir, los RUC, como entidades programables, presentan una oportunidad única para la expansión de sistemas económicos asociativos, habilitando la creación de nuevas economías diseñadas y programadas. Este enfoque fomenta la interdependencia entre actores sociales y económicos, promoviendo una transición de la competencia hacia la colaboración.
Es importante destacar que los RUC no poseen un espíritu económico homogéneo; su flexibilidad permite el diseño de relaciones sociales y económicas innovadoras basadas en la confianza, que se considera el pilar fundamental de la asociatividad. Por lo tanto, resulta viable y recomendable desarrollar sistemas asociativos en entornos distribuidos, como los que ofrece la tecnología blockchain, con un enfoque en el bien común y una visión holística del RUC.
Llegados a este punto me interesa indagar en ¿De qué manera establecer una formulación operativa de un recurso único compartido, que permita una nueva relación económica entre las personas, estimulando un nuevo tejido asociativo distribuido y por lo tanto una nueva interacción social?
Esta investigación con un fuerte componente experimental, se propone crear un conjunto de interacciones asociativas económicas descentralizadas que faciliten el uso efectivo de los RUC. Esto implica diseñar un tejido asociativo que contemple componentes de cohesión y coerción, permitiendo robustecer el componente asociativo y equilibrar el sistema. Para ello, interesa establecer laboratorios en espacios que presentan características de RUC (aún por definir) donde no solo se generen interacciones mediante un prototipo tecnológico, sino que también se produzcan investigaciones a propósito de los posibles usos de este.
Cada RUC de manera poietica trae nuevas versiones de interacciones económicas que suponen nuevas interacciones sociales distintas a las tradicionales. Estas nuevas coreografías sociales son el reto, el desafío. Por ello se hace evidente la necesidad de estudiarlas desde una perspectiva critica. La reflexión crítica sobre los sistemas es inherente al ámbito de la teoría crítica. Es a través de esta capacidad analítica que es posible no solo describir y comprender los 'softwares sociales', sino también criticarlos, desentrañar sus misterios y asimismo, proponer nuevos sistemas. Esto es similar a lo que ocurrió con los cibernéticos búlgaros, quienes reflexionaron durante años sobre la cibernética, hasta que el primer computador les permitió probar y dar sustancia al trabajo que habían realizado durante tanto tiempo.
De la teoría social surgen nuevos sistemas asociativos descentralizados, que proponen soluciones ante la falta de sentido actual de instituciones que no responden de manera efectiva a las demandas ciudadanas. En este contexto, los RUC se presentan como un sistema que busca mejorar nuestras interacciones sociales a través de nuevas relaciones económicas. La interacción socioeconómica generada por los RUC puede promover formas innovadoras de relacionamiento (de diverso tipo y para distintas problemáticas), superando las interacciones tradicionales, desafiando las estructuras existentes y fomentando la innovación social.
Objetivo general:Explorar y diseñar un modelo de interacción social y económica basado en la confianza objetivada a través de tecnologías distribuidas, que promueva la cooperación y sostenibilidad comunitaria en el contexto de los Recursos Únicos Compartidos (RUC).
Objetivos específicos:
Analizar el papel de la confianza como un activo gestionable en infraestructuras asociativas descentralizadas, utilizando el componente social de tecnologías como blockchain y DLT.
Desarrollar un prototipo tecnológico que facilite interacciones económicas descentralizadas, aplicable a RUC en entornos experimentales.
Evaluar el impacto de la implementación de tecnologías distribuidas en la creación de nuevas formas de cooperación social y económica, superando las limitaciones de los modelos tradicionales.
